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Perca en el canal Rin-Herne: streetfishing en los muros de los muelles

Una bici, una funda de cañas al hombro y un puñado de vinilos: así se pesca perca a lo largo de los interminables muros de hormigón del canal Rin-Herne. Guía de streetfishing urbano, ligero y móvil, para encontrar los bancos de percas pegados a las tablestacas.

Barsch
PredatorIQ Mascot
PredatorIQ Autor · Raubfisch-Experte
Perca en el canal Rin-Herne: streetfishing en los muros de los muelles

Una bici plegable, una funda de cañas al hombro y una pequeña bolsa bandolera con un par de bolsitas de vinilo. No necesito nada más cuando en agosto me acerco al canal Rin-Herne. Ni sacadera a la espalda, ni soporte de cañas, ni parafernalia. El streetfishing en la cuenca del Ruhr es pesca móvil en estado puro, y las percas que patrullan estos interminables bordes de hormigón son la razón por la que vuelvo una y otra vez.

Por qué precisamente el canal

Muchos pescadores pasan de largo por el canal Rin-Herne y solo ven agua gris entre paredes grises. Yo veo estructura hasta donde alcanza la vista. Es un canal industrial de cabo a rabo, y precisamente eso es lo que lo hace tan interesante para la perca. Durante kilómetros se extienden las tablestacas de acero, interrumpidas por viejos muelles de carga, norays, escaleras, duques de Alba y los restos de antiguos embarcaderos. Cada uno de esos bordes es una dirección concreta. La perca es un pez de aristas: le encantan las transiciones duras, la sombra y el refugio, y de eso aquí hay más que en casi cualquier agua natural.

A esto se suma que el agua del canal apenas se mueve. Sin corriente fuerte, sin crecidas que te arranquen los puestos. Eso hace que los peces sean predecibles. Si en junio localicé un banco junto a una escalera, en agosto los descendientes suelen estar a menos de diez metros de allí. El canal no olvida sus buenos sitios.

El equipo: lo más ligero posible

El streetfishing vive de que te muevas ligero. En el canal pesco con una caña de unos 2,10 metros con una acción de casteo hasta unos 15 gramos, un carrete pequeño del 2500 y una trenzada fina de alrededor de 0,08 milímetros. Delante monto un bajo de línea de fluorocarbono de algo más de dos metros, en 0,20 a 0,22 milímetros. Sobra de largo para la mayoría de las percas, y si de vez en cuando se cruza una lucioperca o un lucio pequeño, también aguanta. En los bordes de acero la línea se roza enseguida, así que después de cada pez grande reviso el bajo con los dedos y lo corto a la mínima aspereza.

Todo lo demás cabe en una bolsa plana. Un par de cabezas jig, dos o tres bolsitas de vinilo, unos alicates y una cinta métrica. Quien se planta aquí con el carro de carpfishing no ha entendido el juego. La gracia está en que en dos horas puedo peinar dos kilómetros de muro de muelle, siempre en movimiento, siempre camino del siguiente borde.

Vinilos pequeños, bien animados

En el canal pesco pequeño. Mi talla estándar para perca está entre cinco y siete centímetros, muchas veces incluso menos. Un shad esbelto de cinco centímetros sobre una cabeza jig de tres a cinco gramos es mi señuelo de pan y mantequilla, y junto a él trabajo pequeños creature baits e imitaciones finas de gusano que ofrezco a drop shot o con un jig ligero. Con los colores lo mantengo sencillo. En días turbios o a la sombra de las paredes echo mano de algo llamativo con chartreuse o blanco; con agua clara y sol me paso a tonos naturales, motoroil, marrón, un ligero patrón de perca.

Lo más importante es la animación pegada a la pared. El error clásico es lanzar demasiado lejos. Los peces no están en el centro del canal, están en el borde, muchas veces a apenas medio metro de la tablestaca. Por eso lanzo raso y paralelo a la pared, dejo caer el señuelo pegado a la chapa de acero y voy contando. Así memorizo a qué profundidad llegó el primer contacto. Después animo despacio, con tirones cortos y largas fases de caída. El noventa por ciento de las picadas llegan justo en esa caída: ese pequeño parón en la línea que baja y que te electriza. Clavada, y ya tienes a la perca cruzada en el agua como un pequeño balón de rugby.

En las tablestacas verticales también merece la pena la pesca vertical pura desde arriba. Dejo que el vinilo baje directamente pegado a la pared, centímetro a centímetro, mientras doy toquecitos con la puntera. Sobre todo con las percas más grandes, que se aprietan en lo hondo de la sombra, esa suele ser la única presentación que las convence.

Mantenerse móvil, buscar los bancos

La mayor diferencia entre un buen día de canal y uno flojo es la disposición a seguir andando. Las percas del canal están en bancos, y esos bancos no están en todas partes. A un puesto le doy tres o cuatro lances. Si no pasa nada, me muevo veinte o treinta metros hasta el siguiente borde, la siguiente escalera, el siguiente noray. Quien se aferra a un sitio porque tiene buena pinta regala toda la ventaja del streetfishing.

Cuando por fin salta algo en algún punto, paro de inmediato y trabajo la zona a fondo. Una picada casi siempre significa que hay más peces ahí. He llegado a estar un cuarto de hora en un solo borde de carga viejo sacando perca tras perca, mientras doscientos metros por delante y por detrás no llegaba ni un toque. De eso va exactamente la cosa: encontrar los peces activos, no pescar los puestos más bonitos.

Por cierto, los mejores bordes son los que menos llaman la atención. Un noray solitario donde el agua remolinea un pelín distinto. Una escalera bajo la que se adivina colonización de mejillones. Una desembocadura donde un aliviadero suelta agua algo más templada. Esos detalles concentran en el canal las presas, y ahí están también los depredadores.

Un poco de cuenca del Ruhr forma parte del plan

El streetfishing en el canal Rin-Herne no es pesca de postal. Puede que sobre tu cabeza traquetee un puente, a tu espalda pase un carril bici y de vez en cuando se cuele un carguero cuyas olas rompen contra el muro del muelle. Precisamente eso es lo que me gusta. Estás en plena ciudad y aun así pescas peces de verdad buenos, muchas veces justo a los pies de gente que no sospecha nada.

Hay un par de cosas que conviene tener en la cabeza. Cuida tu estabilidad, sobre todo en bordes de hormigón mojados y sin barandilla, y mantén distancia con la navegación. Una buena mirada con gafas polarizadas a la superficie del agua te dice a menudo más sobre un puesto que el equipo más caro. Y recoge tu basura, y también la ajena si la tienes al lado. El streetfishing tiene una reputación que perder, y somos nosotros quienes la moldeamos.

Mi conclusión

El canal Rin-Herne es un coto perfecto de perca para todo el que quiera moverse ligero y móvil. Cíñete a los bordes, pesca vinilos pequeños de cinco a siete centímetros sobre cabezas jig ligeras, anima despacio y bien pegado a la pared y, sobre todo, sigue en movimiento hasta dar con los bancos. No necesitas barca, ni sonda, ni medio coche cargado de equipo. Una caña ligera, un puñado de señuelos y unos kilómetros de tablestaca bastan para un día que te va a sorprender. Coge tu equipo móvil y sal a pescar. ¡Buena pesca y peces grandes!

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¡Buena pesca y peces grandes!
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