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Catch and Release en pesca de altura: cómo devolver cada captura con garantías

El catch and release en grandes pelágicos no termina al soltar el anzuelo. Tiempo de pelea, guantes adecuados, manejo en el agua y recuperación activa: cada paso decide si el pez sobrevive de verdad. Treinta años de Big Game resumidos en un protocolo que funciona.

Bluefin Yellowfin Marlin
TunaIQ Mascot
TunaIQ Autor · Big-Game-Experte
Catch and Release en pesca de altura: cómo devolver cada captura con garantías

Hay un momento, justo antes de que el pez aparezca por primera vez junto al barco, en el que tomas una decisión. Ves el cuerpo macizo brillando bajo la superficie, la media luna ancha de la aleta caudal, y lo sabes: este pez vuelve al agua. Pero que sobreviva las próximas horas no depende de si lo sueltas. Depende de cómo lo sueltas.

Por qué el tiempo de pelea decide entre la vida y la muerte

En más de treinta años de Big Game en el Mediterráneo y el Atlántico he aprendido una cosa: la pelea mata más peces que el anzuelo. Lo que ocurre en el cuerpo de un atún rojo o un marlín cuando lucha contra un equipo pesado es deporte extremo a nivel fisiológico. Los músculos trabajan en anaerobia, el lactato inunda la sangre, el pH se desploma, la temperatura corporal sube. Un atún rojo que pelea treinta minutos contra un equipo de Stand-Up se recupera por completo en la mayoría de los casos. Un atún rojo que aguanta noventa minutos enganchado a un equipo demasiado ligero puede morir horas después de la suelta por las secuelas del agotamiento.

La consecuencia es clara: quien quiera devolver peces tiene que cobrarlos rápido. Eso no significa arrastrar al pez a la fuerza hasta el barco. Significa pescar con el equipo adecuado. Para atún rojo en el Mediterráneo, eso implica clase 80 o 130 libras, no clase 30, con la que alargas la pelea por puro deporte. Para rabil frente a Canarias suele bastar con clase 50 u 80, siempre que pelees con técnica limpia y el freno del carrete esté bien ajustado. Con el marlín, la regla de oro es sencilla: si después del cuarto salto el pez no se acerca, vas demasiado ligero.

Me he acostumbrado a contar mentalmente el tiempo de pelea. Hasta veinte minutos me mantengo tranquilo. A partir de treinta, aumento la presión. Y cuando se pasa de cuarenta minutos, tengo que ser honesto conmigo mismo y valorar si la suelta todavía tiene sentido o si solo le estoy regalando al pez una muerte lenta tras hundirse. Esa autocrítica sincera forma parte del catch and release responsable.

Los guantes correctos: protección para el pez, no para el pescador

Sobre los guantes se discute en cada barco. La mayoría de los pescadores echa mano de guantes de trabajo ásperos porque quieren agarre. Ese es exactamente el error. Todo gran pelágico lleva una capa de mucus sobre la piel que lo protege de bacterias, parásitos e infecciones. Los guantes de algodón basto, de cuero o con palma engomada arrancan esa capa en grandes superficies. El pez se aleja nadando, pero lleva los flancos expuestos, donde en cuestión de horas pueden instalarse infecciones fúngicas.

Lo que sí funciona son guantes de neopreno húmedos y suaves, o guantes específicos para pesca con interior liso. Yo llevo años usando guantes finos de neopreno, los mismos que se usan en buceo, de tres milímetros de grosor. Dan suficiente sensibilidad para agarrar con firmeza y la superficie lisa se desliza sobre el mucus en lugar de rasparlo. Antes de cada agarre, sumerjo los guantes un instante en el agua. Mojado sobre mojado. Eso reduce la fricción de forma considerable.

Un detalle que muchos olvidan: los antebrazos también hacen daño. Quien estabiliza un rabil de cincuenta kilos en la borda suele apoyar el antebrazo sobre el cuerpo del pez. Un antebrazo seco sobre piel de pez mojada actúa como papel de lija. Así que: sube las mangas, mójate los brazos y, si es posible, coloca una toalla húmeda debajo.

Manejo en el agua: el pez pertenece al mar

Suena obvio, y aun así veo lo contrario en uno de cada dos barcos. Sacan al pez completamente del agua, lo arrastran a la plataforma, alguien busca el móvil, el marinero trastea con el anzuelo, otro grita pidiendo la cámara, y el pez lleva tres, cuatro, cinco minutos sobre la cubierta seca. Para un atún rojo de ciento cincuenta kilos o un marlín que acaba de sufrir una pelea de treinta minutos, eso es catastrófico.

Los grandes pelágicos no están diseñados para soportar su propio peso sin la flotabilidad del agua. Fuera del mar, la gravedad aplasta los órganos internos. Las branquias colapsan sin flujo de agua y el pez no puede respirar. Al mismo tiempo, la temperatura corporal sigue subiendo porque falta la refrigeración del agua circundante. Lo que parece un instante en cubierta puede marcar la diferencia entre un pez que se aleja con fuerza y otro que muere tras sumergirse.

El método que aplico en mis barcos es simple: el pez se queda en el agua. Siempre. Trabajamos en la borda, con el pez paralelo al casco, al menos medio cuerpo sumergido. El anzuelo se retira con unos alicates largos o un dehooker, sin sacar al pez del agua. Si alguien quiere una foto, se hace desde la borda, con el pez en el agua. Nada de izarlo para la cámara. Nada de posados en cubierta.

Con el marlín en particular, hay una técnica que cada vez adoptan más tripulaciones: el tag-and-release directamente en el leader. El marinero agarra el leader, coloca la marca satelital o el tag convencional, y el pez se libera sacudiéndose o con un giro rápido del circle hook, sin subirlo a bordo en ningún momento. Todo el proceso dura menos de un minuto.

La recuperación junto al barco: tómate tu tiempo

Lo que viene después de soltar el anzuelo es igual de importante que todo lo anterior. Un gran pelágico agotado necesita tiempo para recuperarse antes de que lo dejes ir. Yo sujeto al pez en la borda, dentro del agua, con la mano relajada alrededor del pedúnculo caudal, y avanzo lentamente con el barco. El agua fluye a través de las branquias y le aporta oxígeno. Notas cómo la fuerza regresa. Primero tímidamente, después con más vigor. Cuando el pez empieza a trabajar activamente contra tu agarre y se impulsa hacia abajo por su propia cuenta, está listo. Entonces lo sueltas.

Nunca dejes ir a un pez que se ladea o flota pasivamente en la superficie. Ese pez necesita más tiempo. Mantenlo erguido, mantén el flujo de agua y espera. Aunque sean diez minutos. Esos diez minutos deciden si tu suelta fue una suelta real o solo una muerte aplazada.

Lo que me han enseñado treinta años

El catch and release en grandes pelágicos no es una técnica que se aprende una vez y se domina para siempre. Es una actitud que madura con cada temporada. En mis primeros años cometí errores que hoy lamento. Peleas demasiado largas, peces manipulados con las manos secas, demasiado tiempo en cubierta. Hoy sé que una buena suelta empieza con la elección del equipo, mucho antes de que pique el primer pez. Continúa con la disciplina de acortar la pelea, trabajar al pez en el agua y darle el tiempo de recuperación que necesita.

Cuando devuelves un gran pelágico al mar y ves cómo desaparece en la profundidad con un coletazo poderoso, sabes que hiciste todo bien. Esa es la mejor foto de trofeo.

¡Mares en calma y cañas dobladas!

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