El viento venía esa mañana del nordeste, constante, sin rachas. Justo lo que necesitaba para la cometa. Delante de nosotros estalló una bola de sardinas en la superficie, plateada, acosada, y en algún punto por debajo empujaban los atunes rojos desde abajo. No tenía que llevarles el cebo. Solo tenía que colocarlo de forma que pareciera una de esas sardinas que acababa de perder el contacto con el banco.
Por qué levanto una cometa para pescar atún
Toda línea remolcada o largada genera resistencia en el agua. El pez cebo nota ese tirón, nada en contra, se agota y termina moviéndose de forma antinatural y rígida. Un atún que lleva años acostumbrado al ruido de los motores y a la estela de las embarcaciones detecta exactamente eso. Con el kite fishing, saco toda la línea principal del agua. Queda colgando de la cometa, en el aire, y solo el cebo toca la superficie. No hay presión de línea, ni sombra de un hilo cruzando el agua, ni estela cerca del cebo. El pez nada libre, golpea con la cola, salpica agua, exactamente como un pez cebo que se ha soltado de su banco y trata desesperadamente de reencontrarlo. Para un atún rojo o un rabil que está esperando justo ese momento, es una imagen a la que apenas puede resistirse.
El montaje de cometa que llevo a bordo
Uso una cometa offshore clásica, de núcleo de espuma y estructura rígida, lo bastante grande para mantenerse estable con viento medio, pero aún manejable con rachas. La línea de la cometa va en un carrete propio y robusto, con al menos 300 metros de capacidad y una resistencia de 250 a 300 libras en monofilamento, montada en una caña de cometa corta y muy rígida, sujeta en un soporte de proa o en la regala. De esa línea de cometa cuelgan entre dos y tres clips de liberación (release clips) a distancias escalonadas: el primero a unos 20 metros, el segundo a 40 metros y, si hay suficiente viento, un tercero a 70 metros detrás del barco. De cada clip cuelga una caña con su propio cebo. Así no cubro un solo punto en la superficie, sino toda una franja, y cuando un banco pasa bajo el barco, aumentan las posibilidades de que al menos un cebo pase justo en el momento adecuado frente al pez correcto.
Rango de viento: cuándo vuela realmente la cometa
Sin viento no hay kite fishing, esa es la verdad simple. Mi límite personal está en torno a los 8 nudos; por debajo, incluso una cometa grande pierde la sustentación necesaria y empieza a oscilar en vez de mantenerse firme. Me siento más cómodo entre 10 y 18 nudos. En esa franja la cometa se mantiene tranquila, la línea queda tensa y los cebos bailan de forma controlada en lugar de agitarse sin control. En cuanto el viento sube por encima de los 20-22 nudos, la cosa se pone crítica. La tensión sobre la cometa y la línea aumenta mucho, el material sufre y los cebos terminan siendo arrastrados por la superficie en vez de guiados con suavidad. En la práctica, esto significa que con viento flojo llevo una segunda cometa, más pequeña, como reserva, y cambio si hace falta; con viento fuerte recojo antes y vuelvo al trolling clásico o al chunking. La posición del barco importa tanto como el propio valor del viento: normalmente derivo con la proa ligeramente orientada o en ángulo respecto al viento, para que los cebos se alejen limpiamente del motor y de la estela en lugar de quedar cerca de ella.
Los clips de liberación: el corazón de todo el montaje
El clip de liberación es el punto donde se encuentran la línea de la cometa y el hilo de pesca propiamente dicho, y es lo que decide entre el éxito y la frustración ese día. El hilo sube desde la caña hasta el clip, queda sujeto ahí con una tensión determinada y continúa hacia arriba hasta la línea de la cometa. Cuando un pez coge el cebo y tira, el hilo se suelta del clip y la caña queda de repente en contacto directo y sin freno con el pez, sin la carga de la cometa de por medio. Ajusto la tensión del clip de forma que un toque curioso no lo abra todavía, pero que una picada real y decidida lo dispare de inmediato y con limpieza. Al principio hace falta cierto tacto y algunas pruebas antes de que los primeros cebos entren en el agua. Igual de importante es la rapidez después: en cuanto un clip se dispara, necesito un segundo cebo ya montado para ocupar de inmediato esa posición libre. Sobre todo cuando un banco está activo bajo el barco, cada minuto con menos cebos en el agua cuesta una oportunidad real.
El pez cebo tiene que estar vivo, si no nada funciona
Toda esta construcción de cometa, línea y clip tiene un único objetivo: darle al pez cebo la mayor libertad posible en la superficie. Eso solo funciona si el cebo conserva toda su fuerza. Según la zona, uso sardinas, bonitos jóvenes o caballas, guardados en un vivero bien oxigenado y con una temperatura del agua lo más constante posible hasta el momento de usarlos. El anzuelo se coloca con cuidado, por la nariz o justo delante de la aleta dorsal, con un anzuelo simple, fino y afilado, para que el pez conserve su comportamiento natural de nado y no vuelque ni se ahogue de inmediato. Sin la resistencia de una línea de arrastre normal, este tipo de cebo se mantiene vivo y activo en la superficie mucho más tiempo, en lugar de quedar exhausto y colgando a los pocos minutos. Reviso los cebos cada pocos minutos con un vistazo rápido a los prismáticos. Un cebo que deja de salpicar y queda quieto en la superficie se cambia antes de convertirse en mero decorado en vez de en un estímulo real.
Mi conclusión
El kite fishing es, al final, la suma de cuatro elementos que deben encajar. Un montaje de cometa adaptado al viento disponible, una ventana de viento entre 10 y 18 nudos como base cómoda, clips de liberación que distinguen con precisión entre un toque fallido y una picada real, y un pez cebo que se mantiene vivo hasta el último segundo. Quien domina estos cuatro puntos presenta su cebo tan natural como es posible en superficie, y eso es precisamente lo que convence incluso a los atunes rojos y rabiles más desconfiados, esos que ya han aprendido a recelar de cualquier barco. Pruébalo el próximo día con viento estable y una bola de carnada en superficie, merece la pena.
¡Mares en calma y cañas dobladas!